1Salpimenta la pechuga de pollo y adoba con ajo en polvo, pimentón dulce y un buen chorro de aceite de oliva. Mezcla bien y deja reposar en el frigorífico durante 2 horas (o al menos 30 minutos si tienes prisa).
2En una cazuela, dora las pechugas de pollo a fuego fuerte por ambos lados. Retira y reserva.
3En el mismo aceite, rehoga la cebolla y los dientes de ajo finamente picados a fuego medio hasta que ablanden.
4Agrega el tomate concentrado y la cayena en polvo, mezcla y añade el caldo de pollo. Hierve durante un par de minutos y tritura la mezcla hasta que quede lisa y sin grumos.
5Vuelve a poner la salsa en la olla, añade la nata para cocinar, los tomates secos picados y el parmesano rallado. Hierve la salsa para que reduzca y espese.
6Cuando la salsa tenga la textura deseada, reincorpora el pollo y la albahaca picada. Hierve todo junto a fuego suave durante 3 minutos.
7Si la salsa queda demasiado espesa, añade un poco más de caldo de pollo y hierve nuevamente.