1Corta el guanciale en tiras y saltéalo en una sartén grande a fuego medio hasta que esté dorado y crocante. Reserva el guanciale y deja la grasa en la sartén.
2Pica finamente la cebolla blanca y sofríela en la grasa del guanciale hasta que esté transparente.
3Agrega el arroz de risotto y saltéalo durante 1-2 minutos hasta que los granos estén nacarados.
4Vierte el vino blanco y cocina, revolviendo, hasta que el líquido se evapore y no huela a alcohol.
5Añade el caldo de pollo caliente poco a poco, revolviendo constantemente y dejando que el arroz lo absorba antes de agregar más. Continúa este proceso hasta que el arroz esté cremoso y al dente (aproximadamente 18-20 minutos).
6Mientras tanto, mezcla las yemas con el queso pecorino rallado y un poco de agua caliente del risotto para formar una crema.
7Cuando el arroz esté listo, retíralo del fuego. Incorpora la mezcla de yemas y queso rápidamente para evitar que el huevo se cocine demasiado.
8Agrega el guanciale reservado y mezcla bien.
9Sirve el risotto inmediatamente, espolvoreando con abundante pimienta negra al gusto.