1Corta el solomillo ibérico en rodajas de 1-2 cm de grosor. Salpimenta al gusto.
2Dora las rodajas de solomillo por ambos lados en una cazuela con un buen chorro de aceite de oliva, a fuego muy fuerte durante 1-2 minutos por cara. Retira y reserva.
3En el mismo aceite, rehoga la cebolla en juliana y los ajos laminados a fuego medio, removiendo hasta que ablanden y tomen color (unos 10 minutos).
4Añade el vino tinto y deja reducir casi por completo a fuego alto.
5Agrega la mitad del caldo, hierve un par de minutos, tritura la salsa y cuela para que quede fina. Devuelve la salsa a la olla.
6Diluye la maicena en la otra mitad del caldo frío y vierte sobre la salsa. Hierve unos minutos para que espese y reduzca ligeramente.
7Reincorpora el solomillo y sus jugos a la salsa y cocina entre 2 y 4 minutos, según el grosor de las rodajas. Si la salsa queda demasiado espesa, añade más caldo.
8Sirve caliente, acompañado de la guarnición que prefieras.